Posteado por: ContracumbreUE | 5 marzo 2013

Por una Europa de las personas: contra lobbies y puertas giratorias en la UE

La semana del 11 al 17 de marzo nos movilizaremos por la Europa de las personas y contra la Europa de los mercados. Decenas de colectivos y organizaciones de toda Europa llaman a la protesta coincidiendo con la cumbre de la Unión Europea de Bruselas de los días 14 y 15. En Madrid, se han convocado multitud de acciones que culminan el sábado 16 con una gran manifestación. Puedes ver toda la información pulsando aquí

Las relaciones entre los poderes políticos y económicos son históricas y muy fuertes, y se dan tanto a nivel local como estatal e internacional. Entre las prácticas que se desarrollan algunas son ilegales, como la financiación oculta de partidos políticos o las comisiones a cargos públicos para conseguir contratos o normativas favorables. Pero se dan también de manera generalizada otros mecanismos que, siendo en principio legales, propician que las políticas, leyes y fondos públicos se pongan al servicio de intereses privados contrarios a los de la ciudadanía y la sociedad en su conjunto. Mecanismos, como los lobbies o las puertas giratorias que, por su naturaleza opaca, sirven para ocultar prácticas ilegales e ilegítimas.

Los lobbies:

Los lobbies, o grupos de presión, son colectivos con intereses comunes que trabajan para influir en las decisiones de las administraciones públicas de tal manera que sean favorables a estos intereses. Se calcula que en Bruselas hay unos 2.500 lobbies y entre 15.000 y 30.000 profesionales (lobbistas o cabilderos, en español) que representan a empresas, sectores industriales, grupos de la sociedad civil, sindicatos y otros colectivos. Esta elevada concentración de lobbies en Bruselas responde al hecho de que el 80% de la legislación que afecta a los europeos se decide aquí, y entre el 30% y el 40% de toda la legislación de los países de la Unión Europea tiene su origen en normas comunitarias, por lo que influir en estas leyes supone hacerlo en la de todos los países.

La mayoría de lobbistas trabajan en empresas y asociaciones sectoriales (banca, petróleo, químicas, etc.) y representan directamente sus intereses. Hay 500 empresas con sus propias oficinas en Bruselas, como Iberdrola o el Banco Santander. Los lobbistas que representan intereses privados empresariales son 5 veces más numerosos que los demás. Y tienen mucho más dinero y un acceso privilegiado a los centros de toma de decisiones. Esto provoca que las directivas comunitarias y otras regulaciones y políticas sean en gran parte diseñadas al gusto del lobby empresarial.

Los Think Tanks (Laboratorios de Ideas) y los medios de comunicación hacen también funciones de lobby, a veces de forma muy directa. Organizan eventos, hacen estudios y elaboran informes que tildan de neutrales pero que en su mayoría están patrocinados por empresas, de tal manera que esconden sus intereses en lo que presentan como la “opinión pública europea”. Existen también lobbistas “mercenarios”, agrupados en cientos de firmas de “relaciones públicas” o “asuntos europeos” y despachos de abogados que venden sus servicios a quienes puedan pagarlos.

Los lobbies tienen como principal objetivo a la Comisión Europea, dado que esta genera la mayor parte de la legislación y políticas de la UE. La Comisión cuenta con más de mil grupos asesores, de los cuales más de cien están totalmente dominados por lobbistas de grandes empresas. Estos grupos influyen en la redacción de las propuestas de leyes, por lo cual buena parte de la legislación comunitaria favorece los intereses de estas grandes empresas, lo que a menudo es contrario al interés general.

De hecho, fue la Mesa Redonda Europea de Industrialistas, un grupo de presión formado por los presidentes de las empresas europeas más potentes, junto a destacados cargos políticos de los años 1980, la que planeó el Mercado Único Europeo y la cesión de poderes a la UE para conseguir una Europa más competitiva que beneficiara a las grandes empresas. Ahora es la gran patronal europea, Business Europe, la que tiene un acceso directo y privilegiado a la Comisión Europea. Esta organización, comandada por las multinacionales, tiene un gran poder de presión al combinar su estatus y gran influencia con el de los miles de lobbistas de las patronales nacionales y sectoriales y de las propias empresas. Y este poder cristaliza en leyes y políticas de tal calibre como las medidas de gobernanza económica y de austeridad que están barriendo Europa, o el rescate a la banca durante una crisis financiera que lo que exigía es la regulación y control eficientes de la actividad de bancos, fondos de inversión, aseguradoras y el resto de agentes financieros.

Además de la Comisión, también el Consejo Europeo, que representa a los estados miembros, está sometido a los intereses empresariales. Y el Parlamento, la única institución europea cuyos miembros son elegidos directamente por los europeos, tiene acreditados unos 4.500 lobbistas, que se reúnen a diario con los “representantes de los ciudadanos”. Los efectos de esta actividad son fulminantes: de las 1.600 enmiendas que se presentaron a la directiva que iba a regular la especulación financiera, más de la mitad fueron escritas por lobbies empresariales y presentadas por parlamentarios. Otro dato: más del 95% de las enmiendas a una propuesta sobre gases fluorados fueron redactadas por lobbies y no por parlamentarios. Hay pruebas de que algunos parlamentarios presentan propuestas y enmiendas a cambio de dinero. Algunos de los parlamentarios “pillados” han dimitido, otros no, como Pablo Zalba, del PP.

La actividad de los lobbies carece prácticamente de regulación en Europa, no así en otros países como Estados Unidos. La exigua regulación se centra en los lobbies que se ocupan en el Parlamento, mientras que los lobbies de la Comisión solo cuentan con un registro, que además es voluntario, y al que por supuesto no se han inscrito la mayor parte de lobbies. Esto genera una situación en la cual se usan con total impunidad prácticas perniciosas como el falseo de estudios, las maniobras para retrasar procesos, la desinformación y engaños, el uso de organizaciones ficticias para defender los propios intereses, o agasajos varios a los cargos y funcionarios.

Todos los organismos internacionales están sujetos a la actividad de los lobbies empresariales, desde el Banco Central Europeo o el Fondo Monetario Internacional hasta la propia ONU. La presión corporativa en las negociaciones dentro de la ONU ha logrado bloquear soluciones efectivas a problemas relacionados con el cambio climático, la producción de alimentos, la violación de derechos humanos, el abastecimiento de agua, la salud, la pobreza y la deforestación, favoreciéndose en cambio políticas de desregulación, liberalización y privatización que han beneficiado al sector privado.

Las puertas giratorias:

Se llama “puertas giratorias” a la práctica por la cual gente de las grandes empresas privadas ocupa cargos públicos, mientras que políticos y funcionarios que han ostentado cargos importantes con capacidad de decisión pasan a ocupar puestos bien remunerados en las empresas privadas. Este mecanismo evidencia dos realidades. La primera es la estrecha relación entre los intereses de las élites políticas y las empresariales, que propician el acceso directo de estos a los espacios de poder alcanzados por aquellos. La segunda es el trato de favor que algunos políticos tienen con las empresas y bancos, que es pagado con un oneroso retiro de la vida política. La corrupción cada vez es más fina. Ya no es necesario (en todos los casos) “poner dinero en un sobre” para conseguir un contrato público o una ley favorable. Basta con asegurar un futuro lucrativo para uno y los suyos.

En Bruselas es una práctica extendida trabajar en la Comisión o el Parlamento, y antes o después de ello en un lobby y/o en un medio de comunicación. Por ejemplo en 2010, seis de los trece comisarios que dejaban su puesto pasaron por las puertas giratorias de la Comisión al sector privado, a trabajos muy relacionados con el lobby. Günter Verheugen, Comisario de Industria, creó su propia agencia de lobby con el beneplácito de la Comisión Europea.
Esto también es norma en los diferentes gobiernos. Presidentes, ministros, secretarios de estado y otros altos cargos acaban sus días en la política con un puesto en los consejos de administración o en la alta dirección de grandes compañías. Es el caso de Felipe González (Gas Natural) y José María Aznar (ENDESA, News Corp.), además de tantos otros. Es de reseñar que algunos de estos puestos se ocupan en empresas que en su momento fueron públicas y se privatizaron bajo el mandato de estas personas. El sector financiero, el energético, las telecomunicaciones, la industria…en todos ellos se encuentra a personalidades de la política.

En el otro sentido, son también muchas las personas que, provenientes del mundo financiero y empresarial, recalan en la política y la función pública. Las cúpulas de instituciones como el Banco Central Europeo o el FMI están copadas por gente de la banca (Mario Draghi y Antonio Borges, de Goldman Sachs, entre otros), igual que diversos ministerios y altos cargos en 18 países de la UE, entre ellos España. Y sin distinción de familias ideológicas: el presidente francés Francois Hollande ha situado como todopoderoso secretario general adjunto de presidencia a Emmanuel Macron, procedente de la banca Rothschild.

En el caso de España, el Ministro de Economía Luis de Guindos viene de Lehman Brothers y de Mare Nostrum; el Ministro de Educación José Ignacio Wert del BBVA; el Ministro de Agricultura y Medio Ambiente, Arias Cañete, tiene relaciones con empresas de energía nuclear, petroleras, automóvil, construcción y agricultura. Y la lista sigue: el Secretario de Estado de Economía, el Secretario del Tesoro, el Presidente del ICO, y un largo etcétera que se extiende hasta el Consejo de Estado y la Casa Real.


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